Estimado Señor Director:

Me dirijo a Usted respecto a la noticia que el pasado viernes 11 de agosto ha paralizado el corazón de todo el país, en una pena y dolor nacional sin precedentes al constatar el asesinato del ex Presidente Eduardo Frei Montalva por órdenes del dictador Augusto Pinochet Ugarte. Tras conocer el detalle de su escabroso crimen, inimaginable hasta para el mejor de los guionistas de la industria cinematográfica, paraliza, incluso aún más, los millares de comentarios que inundan las redes sociales justificando, incluso, el primer magnicidio de la historia republicana chilena de cara a las próximas elecciones presidenciales donde los candidatos de la derecha, en especial Sebastián Piñera, no han tenido siquiera la mínima decencia de pronunciarse públicamente. Silencio que en sí mismo, ya lo ha dicho todo.

Bastaba ver por los medios de comunicación audiovisuales las declaraciones de sus dos hijos, Eduardo y Carmen Frei Ruiz-Tagle, con su voz entrecortada aguantando las lágrimas, para hacer el ejercicio pertinente de ponerse en sus zapatos y que se nos apretara la garganta al imaginar qué sucedería con cada uno de nosotros si se tratase de nuestro propio padre.

Después de una cirugía de carácter simple para extirpar una hernia de hiato en la clínica Santa María, a orillas del Mapocho en diciembre de 1981, su condición empeoraría y fallecería el 22 de enero de 1982 de forma inesperada, a la edad de 71 años. Tras la hazaña del australiano Julian Assange y su sitio internet Wikileaks (donde desclasificaría miles de cables del servicio secreto norteamericano), un cable secreto de la Embajada de los Estados Unidos en Santiago fechado el 11 de diciembre de 2009, descubriría la complicidad de médicos del Departamento de Anatomía Patológica de la Pontificia Universidad Católica en el asesinato del presidente. En menos de una hora desde su muerte, los médicos se introdujeron en la clínica Santa María y efectuaron la autopsia sin autorización de la familia. Efectuada en la misma habitación, colgaron el cuerpo cabeza abajo en una escalera, drenaron sus fluidos en una bañera y parte de sus órganos, en especial aquellos cuya composición química podría delatar el envenenamiento, fueron extraídos y destruidos. Posteriormente el cuerpo del Presidente fue embalsamado. En enero de 2005, el antiguo agente de la CIA y colaborador de la DINA Michael Townley, confirmó la relación entre la policía secreta de la dictadura y Eugenio Berríos, químico especialista en armas biológicas destinadas para el asesinato de opositores políticos. El presidente Eduardo Frei Montalva había sido asesinado. Berríos fue igualmente asesinado en noviembre de 1992 en Montevideo como parte de la igual tristemente célebre Operación Cóndor.

Ahora, tras 17 años de lucha y en especial el empecinamiento de la hija del ex mandatario Carmen Frei Ruiz-Tagle por descubrir la verdad, el ministro en visita Alejandro Madrid dictará la acusación contra las seis personas procesadas por el magnicidio: los médicos Patricio Silva Garín y Pedro Valdivia; el ex empleado civil del Ejército Raúl Lillo y el ex chofer de Frei Montalva y agente encubierto de la CNI Luis Becerra, quien recibió pagos por parte de la Central Nacional de Inteligencia para que siguiera los pasos y cada una de las actividades del Presidente. También los galenos de la Universidad Católica Helmar Rosenberg y Sergio González, quienes participaron de la autopsia del ex jefe de Estado. Becerra, Lillo y Silva fueron procesados como autores del homicidio. Valdivia, Rosenberg y González como encubridores.

El viernes pasado, la presidenta del Partido Demócrata Cristiano de Chile y actual candidata presidencial Carolina Goic Boroevic anunció la noticia y desde entonces, ha dado la vuelta al mundo. El abogado querellante Luciano Fouillioux fue notificado por Madrid en plena visita de la senadora al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, quien afirmo que “este es un paso decisivo porque significa que durante una larga investigación ha tenido antecedentes que lo llevan a dictar esta sentencia”. Y es que la sentencia contra los asesinos de Eduardo Frei Montalva, llega en un momento donde se hace necesario lograr verdad y justicia como un imperativo ético para Chile, tanto para la familia Frei como para cientos de casos que hasta el día de hoy siguen sin justicia, para las víctimas también sus seres queridos.

En un comunicado paralelo, la Directiva Nacional del PDC ha lamentado, de igual forma, la falta de colaboración durante todos estos años por parte tanto del Ejército de Chile como de la Pontifica Universidad Católica, haciendo un llamado a todos los ciudadanos que tengan información (independientemente de su pensamiento o militancia política) que permita ir en colaboración de las investigaciones aún abiertas, colaborar para entregar paz a las familias que aún esperan respuestas, con el corazón destrozado. Y les pido lo mismo a través de esta carta. Hoy, a menos de tres meses de la próxima elección presidencial, constatamos que el dictador Augusto Pinochet y la derecha chilena, fueron los causantes de la muerte de dos Presidentes de la República de Chile. Honestamente, si se es una persona de centro y sin mayor afinidad por la política, ¿estaría dispuesto a votar por los cómplices de la muerte de dos jefes de Estado de su propio país? Millones de nosotros, los millenials chilenos que nacimos en dictadura y nos volvimos adultos en democracia, hoy nos debatimos entre las opciones presidenciales propuestas. Y muy humildemente, hago un llamado no solo a ellos, sino a todos los mayores y menores de nuestra generación con capacidad de ejercer su voto de no volver a tolerar un magnicidio, a abrir los ojos y no permitir que los aún guardianes de este crimen vuelvan a subir al poder, por la dignidad y la propia honorabilidad de nuestra historia, por la memoria y la dignidad colectiva de nuestro país.

Y a la familia del ex Presidente Eduardo Frei Montalva, en especial a sus dos hijos Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Carmen Frei Ruiz-Tagle, no me queda más que enviarles un muy fuerte abrazo con mi mayor admiración y decirles en esta carta abierta, que ni su partido, ni sus camaradas ni los ciudadanos de este país, olvidarán la memoria de su padre y de la suya propia, con el puño en alto, por su victoria y la victoria de la verdad.

Atentamente,

 

Alexis Ceballos

Militante Partido Demócrata Cristiano de Chile

 

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